La resiliencia es un valor que se presenta en mayor o menor medida en todos los sectores de inversión. Algunos, como el sector inmobiliario, destacan más que otros por su conocida resiliencia para recuperarse de las crisis económicas. En otras palabras, el sector inmobiliario tiene una gran capacidad para recuperar índices óptimos del retorno de la inversión.

El sector inmobiliario ha demostrado en innumerables periodos de inestabilidad económica que su valor se estanca o fluctúa en un rango controlado, para ir reanudando el incremento de su valor conforme se va saliendo de la crisis. Es una tendencia que se ha observado a lo largo de la historia de este sector y no hay motivo para creer que esto cambiará. Los bienes inmuebles continuarán presentando mayor rentabilidad, en comparación con otros activos, y se recuperarán mejor que distintas industrias. 

Esta capacidad de recuperarse de las crisis, que llega incluso a superar los estándares positivos anteriores, se debe a su condición de “activos tangibles”. Son lugares físicos que pueden ser usados para vivir, alquilar, remodelar y vender o rentar. Si hablamos de rentas, el flujo de caja que proviene de estas se ve respaldado por contratos a corto, largo o mediano plazo.

A lo anterior hay que agregar el valor que le brindará la plusvalía y la fortuna de ser inversiones blindadas contra la inflación. 

La resiliencia en crisis anteriores 

Hablemos de casos previos donde la resiliencia del sector inmobiliario ha quedado en evidencia. El último periodo crítico aconteció entre 2008 y 2010, cuando la llamada “burbuja inmobiliaria” explotó en Estados Unidos, se observó no sólo una recuperación en el sector, sino un aumento en el valor por arriba del registrado antes de la crisis. 

En México, como resultado de los sucesos de esos años, el sector de la construcción observa una recuperación “lenta pero constante”. Tan solo hay que considerar que representa el 15% del PIB nacional, genera más de 14 millones de empleos y es el inicio de 48 ramas económicas. 

Y si hablamos de crecimiento, esta industria ha tenido un despunte desmedido en los últimos años. Entre 2014 y 2016, el PIB que corresponde al sector inmobiliario creció por arriba del PIB nacional. Para el cierre de 2016, el INEGI reportó que creció un 4.2% al año y las proyecciones a futuro, optimistas, se han alcanzado año tras año. 

La resiliencia, esa capacidad de superar las adversidades, es un privilegio del sector inmobiliario: genera óptimas ganancias antes, durante y después de los periodos de inestabilidad económica, al igual que presenta un incremento en su valor a posteriori. Por su desempeño histórico y cualidades únicas, sabemos que es la mejor opción de inversión en el mercado.

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